Mis manos, como barco,
navegan bajo la tormenta de tu piel, 
suben y bajan por tus melódicas formas,
Focos de calor y sensualidad me queman las yemas de los dedos.

Mis ojos arden de deseo, 
Deseo al contemplarte aquí tumbada, 
a mi lado, 
dispuesta a la pasión que nos profesamos.

Todo ello regado con tu sonrisa, 
tus ojos que me miran y me hablan,
Que me hablan 
y me dicen 
te espero.