La sensualidad, la belleza,
la fortaleza que demuestras
nada tienen que ver con el acero que empuñas,
con el cuerpo que vistes.
Todo ello se encuentra más allá
de lo físico de tu ser.

El brillo en tu mirada,
tu presencia,
tu sonrisa y porte,
la alegría que proyectas,
la serenidad que emanas.

Todo un conglomerado
perfectamente equilibrado
con el que nos cautivas.