Te supe antes de tener noticia alguna,
te sentí antes de experimentar algún cambio,
te amé desde que no eras más que una idea,
un bello proyecto vital.

Comencé a verte en tonos grises,
a escuchar el pálpito de tu pequeño corazón
desbocado y ansioso por vivir,
retumbaba fuertemente en mis adentros
cuando todo lo demás era silencio.

Nos alimentamos mutuamente,
te daba forma, me dabas vida,
compartíamos recursos, alegría.

Y entonces llegaste,
vi tu pequeña carita arrugada
reflejada en los felices y llorosos
ojos de tu padre.

Tus gritos competían en la feliz algarabía 
de los que te esperaban.

Te cogí en brazos,
sentí tu piel en mi pecho,
tu calor en mi ser
y entonces supe
que sería así, feliz,
contigo, para siempre.