Te contemplo,
como estatua poderosa forjada en bronce,
lineas de fuerza que traza tu cuerpo
dibujado con precisión forense,
la tensión de los músculos martillados con tesón,
la mirada y pose presta al combate,
todo ello estampa divina
emulando a aquellos que desde el Olimpo
aplauden el tributo ofrecido.

Por esta imagen realizo libaciones
y quemo pingües muslos para que sus humos
satisfagan a los etéreos.