Nuestro ritual comienza, 
una mirada cruzada
desencadena las ansias de fundirnos 
y lo demás surge.

¡Mis manos! 
Tu cara, cuello, cabello. 
¡Tus dedos! 
Mi nuca, brazos, espalda.

Comencemos.

Labios unidos que batallan, 
lenguas que bailan pasional danza.

Y el tiempo se desliza suavemente, 
solo la respiración se rasga 
con el sonido de la ropa 
que acaricia en su huida nuestros cuerpos.

Enlazados caminamos  tropezando, 
riendo, besando, amando.

Y una vez llegado 
a nuestro particular templo de Baco 
me empujas sonriente hacia ese altar 
de pasión y sueños cincelado.

Y ahí,
apoyada levemente en la pared 
me miras, sonríes.

Mi mano alzada te busca, 
tus dedos ansiosos la encuentran
 y la magia y el arte surgen encendidos 
por la ardiente llama que nos une.